Lo que probablemente suceda el domingo en el Teatro Caupolicán es algo insólito -pero no único- ha sucedido en otros países, pero por sanidad mental de la sociedad se encuentra penada por los ordenamientos jurídicos.
Para mí, el problema tiene básicamente tres formas de ser enfocado: avalar el asesinato masivo y los innumerables crímenes, jugar con el sufrimiento de las víctimas, y repetir sin miedo actos atroces. Pero que aquellos que somos detractores de estas muestras de infrahumanidad, las argumentamos de forma aislada o subentendemos que todos las comprenden como una.
Ex ante, debemos tener en cuenta que los hechos sucedieron, que la verdad judicial es rigurosa (verdad muy apreciada en nuestro país) y que sus correspondientes investigaciones fueron altamente profesionales; que el procedimiento jurídico acreditó las detenciones, las torturas, las desapariciones, los asesinatos y señaló claramente a sus culpables (lamentablemente el que estén en prisión es otro tema). Si no tenemos esta convicción, estamos frente a un ilegítimo hijo de la humanidad que no merece que se le aprecie como persona razonable (por lo bajo). Ahora bien, aceptando esto como piso mínimo de discusión, es que nos podemos adentrar en el tema y la vez ver tres aspectos de la cuestión.
Todo parte de los hechos: todo el aparato estatal se dirigió en contra de un grupo difusamente determinado, ya sea eliminándolo o haciendo que sus vidas fueran igual a estar muertos. Partiendo por la jefatura de facto del estado; los ministerios y en particular la vocería e interior; la legislatura, que se traducía en estados de sitio, exilio, muerte, en resumen justificación “legal” de la tortura, la muerte, el exilio y el financiamiento de cuerpos destinados a torturar y asesinar; la judicatura, que de una forma u otra fueron cómplices de esa barbarie. Ahora, hagamos el ejercicio de tomar la posición de una persona atormentada por todos los medios que el estado tenía a su mano y que deliberadamente había organizado para ahogarnos. Suframos su impotencia, su miedo, su desesperación, al saber que saliendo de una tortura, mañana se amanecerá para sufrir otra. Suframos lo que sintió una mujer violada, que no pudo amar un hijo que nunca podrá nacer, porque se le quitó el ser mujer. Suframos el castigo de no ver nunca más a un padre y una madre, que fueron asesinados sin poderse defender. Suframos el sentimiento del dormir perturbado eternamente en el mar, sin que tu madre, padre, hijo o pariente pueda encontrarte para abrazar tu cuerpo y despedirte por última vez.
Si apoyas la apología del domingo avalarás el sufrimiento de los miles de personas. Demostrarás tu insensibilidad y estarás justificando las horrendas cosas que sucedieron en dictadura.
Calificar de “homenaje” la apología a la violencia que se realizará el domingo, quiere decir que además de avalar lo sucedido no tendrán escrúpulos para volver a hacerlo. Dicen que fue necesario, y si es así dirán que será o que es necesario. Los que repudiamos, no lo hacemos por intolerantes, obcecados o tozudos, lo hacemos porque no podemos construir una democracia desconociendo que eso sucedió, desconociendo que el sistema que nos rige fue impuesto por la forma más brutal de violencia. Necesitamos, como sociedad entera ponderar lo horrible que fue, calcular el daño y darnos cuenta lo maldito e insano del estado en el que nos encontramos, y eso implica justicia. Desde ahí comenzar de nuevo pero teniendo conciencia del nunca más. Este país grita justicia. Pero no se hizo justicia, un viejo senil que hoy avala un golpe de estado y la violación de un régimen constitucional recibió una banda presidencial manchada de sangre y vergüenza. No quiso limpiarla y lucirla con dignidad, así que con desvergüenza intentó tapar el genocidio y la humillación de un país entero. Quienes le siguieron tampoco tuvieron la dignidad y todavía estamos esperando…
Como la pequeña Nadia Cifuentes , pudiste haber sido tú. Lo avalas ? Digamos NO!
Tenía 13 años de edad y estudiaba en 8° básico en la Escuela Esperanza. El día 2 de julio de 1986 se desarrolló un paro nacional. Nadia se dirigía a comprar pan y mientras caminaba por avenida el parque (Santiago) fue impactada por una bala disparada por efectivos militares que patrullaban el sector, que le provoco la muerte.

NADIA DEL CARMEN FUENTES CONCHA
Siempre, pero siempre tú seguirás viva, no solo en el corazón de tus seres más queridos, sino de todos los que creemos en la justicia, en el amor y en la paz.
http://www.memoriaviva.com/Ejecutados/Ejecutados%20F/FUENTES%20CONCHA.htm